Mariam Kidd en Second Life: El pueblo fantasma

viernes, 29 de julio de 2011

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El pueblo fantasma

Había un pueblo encantador con un barrio fantasma, uno de sus barrios de las afueras estaba en ruinas, `parecía consecuencia de un incendio o algo así pero los lugareños no sabían que es lo que había pasado, ya hacía muchos años de eso y nadie lo recordaba ni habían oído hablar de eso.
Una niña llego con su familia al pueblo, se quedó maravillada con la belleza de su plaza, había un fuente central y el sonido del agua que emanaban de sus caños marcaban el ritmo de la vida del mercado. Todos parecían moverse al son del agua. Le pareció un lugar mágico, pero había algo misterioso y oculto que le hacían estremecer. Se fueron al hotel después de comer para dormir una siesta. Hacía calor en la habitación, abrió la ventana y una fresca brisa se coló entre las cortinas. Se acostó y se durmió profundamente. Un niño de unos 8 años se apareció en sus sueños y le habló del barrio en ruinas, ella despertó, sus padres y su hermanito estaban merendando y ella pidió permiso para ir a visitar los alrededores. Sus padres se lo dieron y le dijeron que tuviese cuidado.

Salió del hotel y se dirigió hacia las afueras, llego al barrio y antes sus ojos apareció la imagen de las ruinas de un barrio calcinado. Que habría pasado?, es raro que todo un barrio estuviese quemado, en el caso de un incendio solo se hubiera quemado la casa en la que se produjera el fuego, ya que estaban muy separadas unas de otras. Estuvo dando vueltas por el lugar intentando descubrir alguna pista para saber lo que había pasado. Pero no vio nada raro.

De camino al pueblo se encontró con un anciano del lugar.

- Buenas tarde, señor.

- Buenas tardes pequeña, que haces sola por aquí?, tú no eres del lugar.

- No señor, he venido con mi familia, estamos de vacaciones y estamos visitando los pueblecitos de la zona, este es un pueblo muy bonito.

- Si lo es, pero este camino no viene de ningún sitio.

- Bueno vengo de las ruinas del pueblo, sabe usted que pasó?

- Ummmmm, hace muchos años de eso, nadie se acuerda que pasó, ni yo mismo que soy de los más ancianos del lugar y vivo aquí desde que nací. Es algo con lo que hemos vivido desde siempre, siempre ha estado así, no creo ni que llegará a ser parte del pueblo alguna vez.

- Eso que dice es extraños, pues si parece que hubo casas allí en algún tiempo.

- Sí, pero sería en un tiempo muy lejano.

La niña volvió al hotel, ya estaba anocheciendo, la familia bajó al comedor a cenar y después de ver un rato la tele al lado de la chimenea se fueron a la cama.

El niño volvió a sus sueños

-Hola amiga, has ido a ver el pueblo fantasma, sabría que lo harías. Te voy a contar la historia y te diré por que nadie la conoce. La vas a volver a vivir conmigo, será como si vieras una película, espero que no te asustes. Si tienes miedo puedes despertarte.

Un niño de unos 8 años llego con su padre a la plaza de un pueblo, se quedó maravillado con la belleza de su plaza, había un fuente central y el sonido del agua que emanaban de sus caños marcaban el ritmo de la vida del mercado. Todos parecían moverse al son del agua. Las señoras regateaban en los puestos, hombres paseaban tirando de caballos y había niños correteando por entre los puestos. Había mucha actividad. El mesón que estaba enfrente de la fuente tenía todas sus mesas ocupadas con gente que comía unos platos suculentos que desprendían un aroma que invadían el lugar abriéndole el apetito al niño.

-Hijo, te apetece comer algo?

- Si padre, huele muy bien y me ha entrado hambre.

Se sentaron en la posada y comieron una sabrosa y copiosa comida. Decidieron dar una vuelta antes de que anocheciera, las calles del pueblo tenían mucha vida, mucha gente iba de un lugar a otro. De repente empezaron a caer al suelo fulminados. Mi padre observó que les faltaba el aire, se ahogaban y caían. Me hizo ponerme una mascarilla y él se puso otra. Mi padre era minero, las usaba para protegerse de los vapores de la mina. La gente seguía su ritmo e iban cayendo, primero lo hacían los más débiles y los fuertes resistían más, pero nadie pedía ayuda, simplemente caían aceptando su destino.

-El aire está contaminado y los está matando a todos.

Mi padre me tomó de la mano y salimos del pueblo. Allí a las afueras esperamos varios días sin saber qué hacer. De vez en cuando mi padre entraba en el pueblo y volvía a salir, en sus ojos veía que todo seguía igual. Un día regresó diciendo que había visto un perro vagando por las calles del pueblo eso era una buena señal. Cada día regresaba al pueblo y al volver me contaba que el perro aun estaba allí.

-Esperaremos unos días más y si el perro sobrevive es porque el aire ya está limpio. Estaba preocupado.

-Padre que pasa?

- Es extraño hijo, los cuerpos no se descomponen, están como si acabaran de morir y ya han pasado semanas. No sé qué es lo que habría en el aire, pero no se descomponen, como si estuviesen durmiendo, pero están muertos. Me da miedo que volvamos allí.

El padre decidió que no volverían, no sabía lo que hacer, así que continuaron su camino. Al pasar una montaña descubrieron una granja, tenían muchos caballos. Apareció una mujer regordeta que me acarició el cabello mientras invitaba a mi padre a que entráramos a comer algo. Su marido estaba en el comedor fumando una pipa, nos sentamos junto a él mientras la señora terminaba de hacer la comida.

- De donde vienen? nos pregunto el hombre.

- Venimos del pueblo del otro lado de la montaña.

- Hace meses que no voy por allí, solo bajo cuando necesitamos algo, pero somos autosuficientes y bajamos muy poco, los caballos dan mucho trabajo para dejarlos solos, aunque me gusta ir de vez en cuando para ver a mis amigos.

- Ya no queda nadie allí.

- Que está diciendo buen hombre? se han ido?

- No, no sé cómo decirle esto…. han muerto, no queda nadie vivo, tan solo un perro que vaga solitario por el pueblo.

- Pero como ha sido eso, quien los ha matado?

- Ha sido el aire, no sabemos qué pasó, nosotros nos pusimos unas mascaras y salimos de allí, tuvimos suerte de llevarlas. Lo extraño es que siguen allí tumbados, o sentados intactos, como si estuviesen durmiendo, pensé en enterrarlo pero son demasiados para un solo hombre y un niño.

- Cuando uno de mis cabellos muere es muy costoso enterrarlo hay que hacer una fosa muy grande, así que los incinero, quedan reducidos a ceniza y luego las recojo y las entierro, es mucho más fácil. Podríamos hacer eso con los cuerpos entre los dos, mis dos hijos y con la ayuda de los caballos podemos apilar todos los cuerpos a las afuera del pueblo y allí incinerarlos.

- Si sería lo mejor, no podemos dejarlos allí, luego les podemos dar sepultura a todos juntos.

- Si, nosotros no conocíamos a muchos en el lugar, a poco podría identificar, así que creo que es la mejor idea ponerlos en una fosa común.

- Lo que no entiendo es cómo solo murieron al otro lado de la montaña, ni a ustedes ni a sus animales les pasó nada, es como si una nube o una maldición hubiese caído sobre el pueblo.

- El hombre no dijo nada, no sabía la respuesta. Preparó cuatro carros con caballos, cada uno de los hombres condujo uno hacia el pueblo. Al llegar allí fueron llenando los carros con cuerpos inertes y llevándolos a las afuera. Al caer el sol todos los cuerpos ya estaba apilados, el hombre le dijo a sus hijos y a mi padre que se dirigieran hacia la granja, el se quedó y prendió fuego a los cuerpos y marchó él también hacia la granja.

Al día siguiente regresaron, recogieron las cenizas, cavaron una fosa en el cementerio y allí las depositaron, grabando en una lapida. ” Aquí reposa todo el pueblo, murieron por causas desconocidas aceptando su destino”.

Nos quedamos ese día también en la granja, pero luego partimos hacia otro lugar.

Vivimos unos años en un pueblo minero, mi padre encontró trabajo allí y yo después de la escuela también les ayudaba, ya era casi un hombre.

Un día recibimos una carta del hombre de la granja, nos contaba que habían ido llegando gente de otros lugares y el pueblo se había repoblado, la vida había vuelto a el, la misma vida pero distintos habitantes. Nos invitaban a visitarlos, su señora tenía ganas de verme y curiosidad de saber en qué hombrecito me estaba convirtiendo. Así que en las siguientes vacaciones escolares, mi padre pidió unos días de permiso y fuimos a visitarlos. Nos quedamos en la granja, estaban muy contentos de que hubiésemos aceptado su invitación. Bajamos al pueblo, el semblante de mi padre se volvió serio, imagino que recordaba la últimas veces que estuvo allí, como vio las calles cubierta de cuerpos, como los acarreo y los incinero y luego como enterraron sus cenizas.

Pero era un pueblo lleno de vida, gente que no tenía hogar ni futuro había encontrado allí su medio de vida y habían hecho del pueblo desierto un agradable sitio para vivir.

En los días que pasamos en la granja fuimos varias veces al pueblo, pero la última vez que estuvimos allí me asuste mucho, una mujer me dijo que era muy guapo y en un par de años seria un apuesto joven, tocó mi cara y me ofreció un trozo de pastel, al tender su mano vi que la tenia llena de pupas supurantes, me dio un poco de reparo, le cogí el pastel sin tocarla y me fui. Al llegar a la esquina tiré el pastel al suelo y fui a buscar a mi padre, me crucé con varios hombres y mujeres y observé sus cuerpos, todos tenían las mismas yagas, incluso los niños. Corrí hacia mi padre que estaba con el granjero y llegue junto a ellos sin aliento.

Que pasa hijo mío?

- Padre, no has visto a la gente?, están enfermos tienen yagas por todo el cuerpo.

Los dos hombres observaron a los aldeanos y quedaron horrorizados por la visión, de repente uno se puso a chillar y calló sin vida. Los demás empezaron a correr hacia nosotros intentaban tocarnos, nos pedían que los salváramos, pero iban cayendo uno a uno. Mi padre me pegó un empujón y me chillo que cogiera mi caballo y fuera a la granja, que nos encerráramos allí y que no saliéramos hasta que ellos llegaran y si no lo hacían que no saliéramos hasta que pasara un par de meses y que por nada del mundo dejáramos entrar a nadie allí. Reproché, pero él me dio una fuerte palmada en la espalda y salí corriendo hacia el caballo, me di la vuelta y vi como se colocaban unas mascaras, el granjero le tendió a mi padre un par de guantes y él se colocó otros.

Pararon unos días y no sabíamos nada de mi padre y del hombre, cuando en el horizonte hacia donde estaba el pueblo vimos una gran columna de humo negro, era enorme, casi tan ancha como la cima de toda la montaña. Ver el humo nos tranquilizó, sabíamos que estaban vivos y habían conseguido dominar a los habitantes, habían vuelto a hacerlo, pero había mucho más humo que la otra vez.

Al día siguiente llegó uno de los caballos solo, nos asustamos al verlo, pero me di cuenta que llevaba algo atado al cuello. Lo cogí y era una nota de mi padre, “hijo mío, no sé si estaremos contaminados, no hemos comido ni bebido nada de allí, pero pasaremos un tiempo en la cabaña que hay en la ladera para asegurarnos que estamos bien. Mandar el caballo de vuelta con comida y agua para varias semanas, cuando se nos acabe volveréis a tener noticias nuestras. Estaros tranquilos, estamos bien, tuvimos que quemar todo el pueblo, quemamos cada una de sus casas, no ha quedado nada en pie. No volverá a morir más gente allí.

Al cabo de unas semanas apareció el caballo otra vez con otra nota. “seguimos estando bien, volver a llenar el caballo, la próxima vez ya regresaremos con el. Te quiero hijo.”

Nos pusimos muy contentos y esperamos a que pasara el tiempo y regresaran. Así lo hicieron, nos quedamos unos días más y regresamos a nuestra casa, yo retomé los estudios, terminé la carrera de medicina, siempre tuve miedo de que mi padre pudiese enfermar por culpa del tiempo que paso en el pueblo y fui un medico afamado, pero nunca regresé al lugar. Mi padre vivió sano hasta que llegó a su vejez y murió de una muerte natural.

Seguí en contacto con la familia del granjero hasta el mis últimos días en este mundo y me contó que el pueblo continuó siendo un pueblo en ruinas.

Sé que mas allá de la granja y pasando las montañas en la otra dirección se levantó un nuevo pueblo, este en el que estas tu ahora, pero nunca los granjeros contaron lo que había pasado, llevándose el secreto del pueblo fantasma con ellos. Pero las ruinas siempre dieron miedo a todos aquellos que intentaros poblarlo y se apartaron del lugar.

Amiga, no cuentes la historia a los habitantes del lugar, ahí están seguros y no hay por qué asustarlos. Si quieres escribe sobre el, pero no des detalles que puedan identificar el lugar. Disfruta de tus vacaciones, es un lugar precioso para perderse.

Desperté con una extraña sensación, seria eso lo que pasó realmente o solo había sido producto de mis sueños?


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