Mariam Kidd en Second Life: Oda a la Luna

miércoles, 13 de julio de 2011

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Oda a la Luna

- De dónde vienes hija mía?

- Madre, estuve con la Señora, me contó una historia muy bonita tuya y del Sol.

La Luna al oír nombrar al Sol suspiró. Killa supo en ese momento que la historia era cierta. La Luna no quiso preguntarle a la niña más sobre el tema y la niña desvió la conversación.

- Madre, me cantó una melodía preciosa y me contó que has sido y eres inspiración de cosas hermosas.

La Luna se sonrojó.

- Luego quise saber por qué los lobos te aúllan, hablé con unos lobos y con un hombre. Te contaré lo que me dijeron.

La niña le contó las 3 historias a su madre.

-Madre, quiero saber y conocer cosas que hablen sobre tí, seguiré con mis estudios y atendiendo a los necesitados y cuando tenga un ratito iré en busca de historias sobre tí.

- Por qué quieres hacer eso mi niña?

- No sé, hay alguna razón para disfrutar de lo hermoso? alguna razón por la que la gente haga esas cosas? alguna razón porque les inspires?

La luna rió.

- Es cierto y hay alguna razón para que nunca dejes de seguir tus impulsos?? Ve mi niña, ten cuidado.

Killa bajo del cielo y volvió a casa del hombre de la última noche. No estaba, pero en el porche había un libro con una nota. “te vi con muchas ganas de saber sobre la Luna, te dejo este libro para que disfrutes de ella. Busca un sitio cómodo y léelo”. Miro a su alrededor, había hierba frondosa bajo un árbol, se sentó en ella y se apoyo en el tronco del árbol, buscó una buena posición y abrió el libro emocionada.

Oda a la luna del mar

Luna
de la ciudad,
me pareces
cansada,
oscura
me pareces
o amarilla,
con algo
de uña desgastada
o gancho de candado,
cadavérica,
vieja,
borrascosa,
tambaleante
como una
religiosa oxidada
en el transcurso
de las metálicas
revoluciones:
 luna
transmigratoria,
respetable,
impasible:
tu
palidez
ha visto
barricadas
sangrientas,
motines
del pueblo que sacude
sus cadenas,
amapolas
abiertas
sobre
la guerra
y sus
exterminados
y allí, cansada, arriba,
con tus párpados viejos
cada vez
más cansada,
más
triste,
más rellena de humo,
con sangre, con tabaco,
con infinitas interrogaciones,

con el sudor nocturno
de las panaderías,
luna
gastada
como
la única muela
del cielo
de la noche
desdentada.

De pronto
llego al mar
y otra luna
me pareces,
blanca,
mojada
y fresca
como
yegua
reciente
que corre
en el rocío,
joven
como una perla,
diáfana
como frente
de sirena.
Luna
del mar,
te lavas
cada noche
y amaneces
mojada
por una aurora eterna,
desposándote
sin cesar con el cielo, con el aire,
con el viento marino,
desarrollado cada
nueva hora
por el interno impulso
vital de la marea,
limpia como las uñas
en la sal
del océano.

Oh, luna de los mares,
luna
mía,
cuando
de las calles regreso,
de mi número
vuelvo,
tú me lavas
el polvo,
el sudor
y las manchas
del camino,
lavandera
marina,
lavas
mi corazón cansado,
mi camisa.
En la noche
te miro,
pura,
encendida
lámpara
del cielo,
fresca, recién nacida
entre las olas,
y me duermo
bajo tu esfera limpia,
reluciente,
de universal reloj,
de rosa blanca.
Amanezco
nuevo, recién vestido,
lavado por tus manos,
lavandera,
buena para el trabajo
y la batalla.
Tal vez tu paz, tu nimbo
nacarado,
tu nave
entre las olas,
eterna, renaciendo
con la sombra,
tienen que ver conmigo
y a tu fresca
eternidad de plata
y de marea
debe mi corazón
su levadura.

PABLO NERUDA

Cerró el libro con cuidado, sonrió, se desperezó y pensó en dormir un ratito acurrucada bajo el árbol.



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