Mariam Kidd en Second Life: 26.06.11

jueves 7 de julio de 2011

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La Luna y el Lobo

Killa se despertó de un sueño apacible.

-Que me cantaba Señora?

- Una linda melodía que fue compuesta inspirada en tu Madre.

- Era muy bonita y me ha trasportado a sitios desconocido y soñé con lobos. Pero no me daban miedo, ni me atacaban, simplemente aullaban a la luna. Es extraño, nunca había pensado en ello, porque lo harán??

- Buena pregunta niña.

Killa se puso en pie de un salto.

- Tengo que irme Señora, voy a averiguar por qué los lobos hacen eso. Hasta la proximaaaaaaaa. Y la niña salió corriendo hacia el horizonte.

- Niña loca y atolondrada… pero con muchas ansias de saber, eso es bueno. Cuídate pequeñaaaaa.


Killa siguió corriendo y se adentró en el bosque. Aunque no sabía a quién preguntar. Así que decidió dejar de correr y pensar más, observaba los alrededores con cuidado y debajo de un árbol, acurrucados entre unas rocas, descubrió a una pareja de lobos  con 4 cachorritos que dormían plácidamente. Al verla la loba levantó su cabeza y la miró confiada.

-Hola lobita.

- Hola hija de la Luna.

Killa sonrió al ver que la reconocía. Aunque el lobo simplemente levanto las orejas y no dijo nada.

-Si hablamos se despertaran tus cachorros?

-No, tranquila, sintiendo mi calor cerca no hay nada que los despierte.

-Veréis, tengo una curiosidad sobre los lobos y la Luna. Porque le aulláis, os ha hecho algo malo?, se ha portado mal con vosotros?.

El lobo la miró y contestó con voz grave.

-Pues sí, te contaré la historia. Al principio de los tiempos la Luna siempre era redonda y estaba muy muy cerca e influenciaba mucho a la Tierra y a sus habitantes, vivía suspendida en el cielo colgando entre la nada. Desde  allí, miraba al mundo que estaba a sus pies y aunque había sido coronada como Diosa de la noche, suspiraba porque se sentía olvidada. Una noche distraída se acercó demasiado a la Tierra y sus rayos de luz se enredaron en las ramas de un árbol cayendo al suelo sobre la hierba. De repente de entre los arboles  salió una sombra oscura, un ser a cuatro patas, de pelo negro, ojos azabaches y una sonrisa, un lobo. La Luna y el lobo comenzaron a jugar en el bosque, los rayos de luz de la  luna contrastaban con la sombra del lobo, se oían aullidos,  risas y el rumor de estrellas que miraban entre las ramas. El juego termino, el lobo regresó al bosque y la Luna subió al cielo. Pero cuenta la historia, que antes de separarse, la luna le robo al lobo su sombra para cubrir su rostro por las noches y aspirar y recordar así el olor del bosque. Desde ese momento el lobo aúlla a la luna llena para que se la devuelva.

 -Jajajaja, rió la loba, cariño que tú no tienes sombra o qué? Que historia más absurda.

-Bueno es una leyenda, o es que la luna ha bajado a visitarnos alguna vez?

Killa rió a carcajadas escuchando la conversación de los lobos.

-Hija de la Luna, yo te contaré la verdadera razón. Machosss, no saben contar cuentos.
Los cachorros se despertaron al oír las risas y su madre los lamió

-Escuchar pequeños, mami os va a contar una historia de un lobito como vosotros.

Los bebes se sentaros sobre sus patas traseras y mientras se frotaban los ojos escuchaba a su madre.

-Había un lobezno que hacía tiempo vagaba solo sin padre ni madre. La Luna lo llevaba observando varias noches, habló con el Sol  y decidieron que cuidarían del pequeño. Durante el día el cachorro se quedaba con  papá Sol y cuando este caía, aparecía  mamá Luna, lo cuidaba y velaba sus sueños.

Pasaron mucho tiempo juntos, por la mañana papá sol lo despertaba acariciándolo con pequeños rayitos, luego le iba indicando los lugares donde encontrar comida y cuando se iba a meter en problemas, le quemaba para apartarlo de los peligros. Por las tardes el Sol y la Luna se encontraban, comentaban lo que habían hecho con el lobito y lo arrullaban en la siesta. Por las noches mamá Luna le enseñó a cantar y a llamarla para cuando la necesitará, así es como el lobito aprendió a subir a la colina para llamar a mamá Luna. También subía el nivel del agua del lago para que el lobito tomara un baño refréscate y durmiera bien. El lobito aprendió que cuando mamá estaba creciente, era porque estaba  contenta, era la su sonrisa que solo ella podía ofrecerle. Pero cuando se portaba mal, la Luna se enfadaba y se ponía menguante, hasta que Lobito se diera cuenta de lo que había hecho y aprendiera la lección, entonces de nuevo  creciente y los dos reían de nuevo. Si el lobito se ponía malo la Luna se hacia nueva, esperando que la enfermedad pasara y su bebe se curará. Y  cuando al fin, al lobito le entraba sueño, la se subía encima de mamá Luna y esta lo mecía.

Los tres estaban muy contentos y el Sol y la Luna eran felices viendo como el cachorro crecía. Un día el Sol le dijo a la luna que al sur había visto a la familia del lobo. Esto les puso triste  ya que nunca habían tenido un hijo y habían adoptado al lobezno como tal. Les dolía tener que separarse de él. Pero entendían que por mucho que lo cuidaran y lo quisieran no podrían sustituir a su verdadera familia. Así que un día, en ese momento en el que la Luna y el Sol están juntos, guiaron al lobito con sus verdaderos padres, este al reconocerlos salió corriendo hacia ellos muy contento de volverlos a ver y el Sol y la Luna se alejaron sabiendo de la felicidad de su hijo.

A la noche siguiente el lobito subió a la colina y empezó a aullar llamando a su mama Luna, como ella le había enseñado, la llamaba y cantaba para ella, contándole así lo que había hecho ese día y lo feliz que se sentía al reencontrarse con su familia, aunque ellos siempre serían mamá Luna y papá Sol. Cada noche durante el resto de su vida subía y aullando le contaba a la Luna como le iba y todo lo que le pasaba. Fue enseñando al resto de cachorros a llamarla y cuando se convirtió en un lobo adulto, enseñó a sus hijos y a las nuevas camadas que nacían en la manada.

Sol y Luna se pusieron muy contentos, por que no habían perdido  a un hijo como pensaban, si no que  habían encontrado a cientos,  que generación tras generación aprendían  a llamar de un aullido a mamá Luna.

La loba terminó la historia y miro a sus pequeños, que comenzaron a aullar, aun no lo hacían muy bien, pero pronto aprendería a llamar a mi madre.

-Si claro, llaman a mamá Luna y por qué no llaman a papá Sol?. Pregunto el lobo.

-Por qué seguro contaba tan malas historias como tú lo haces. Le contestó la loba y todos rompimos a reír.
Los pequeños se volvieron a acurrucar bajo su madre y cerraron los ojitos.

-Muchas gracias amigos por vuestras historias, la verdad es que son bonitas las dos, me voy, no quiero interrumpir el sueños de vuestros pequeños.

Killa se acercó a los lobos y les beso la frente.

-Cuidar de los pequeños, pronto serán grande aulladores de mi Madre.

La niña se alejo sin hacer ruido, contenta con las historias y repasando cada palabra de ellas en su mente.
Siguió por un camino y llegó  a una casa, en su puerta había un hombre fumando una pipa, mirando las estrellas.

-Hola

-Hola, que honor, la hija de la Luna en mi casa, que te trae por aquí?

-Pues…. , no sabía si contarle que venía de hablar con los lobos….. estoy pensando en una historia, tú sabrías decirme por qué los lobos aúllan a la Luna???

-Bueno, los observo y los oigo por las noches. Siempre suelen aullar cuando entran en celo, lo hacen por amor, para atraer a las hembras. También es su forma para comunicarse, ellos viven en manadas y se llaman unos a otros. Sabes quienes forman las manadas?

-Varias familias de lobos.

-No, hija de la Luna. La forma el lobo, su pareja, las crías de ese año y algunos cachorros del año anterior. Así que con el aullido también tranquilizan a sus pequeños, es una caricia sonora para ellos, tan cálida como los lametones de la loba o tan intensa como los olores del grupo.  A ti que te parecen sus aullidos pequeña?

-Ummmm, música. Vivo casi siempre la noche y me gusta oír lo que yo llamo sus conciertos nocturnos, que rompen la paz y la tranquilidad de la noche de una forma mágica, con aullidos  llenos de sentimiento. A veces interpretados por un solista, otras a coro, pero llenos de vida y sentimiento. En ocasiones me parecen tristes, como si cantaran por sentir nostalgia de otros tiempo o recordando a los suyos que ya no están con ellos.

-Si eso es cierto, la vida para ellos es muy dura, se pelean a muerte entre ellos y estamos los hombres, que con nuestras armas somos poderosos y el lobo no tiene nada que hacer para salvar su vida si se topa con alguno de nosotros.

El hombre siguió fumando

-Deberías regresar con tu Madre, pronto amanecerá.

-Uinsssss no me había dado cuenta de lo tarde que es. Gracias por su historia. Despidiendose del hombre con la mano y salió corriendo, poco a poco sus pies dejaron de sentir el frescor de la hierba y comenzó a volar hacia su Madre.


miércoles 6 de julio de 2011

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Música y arte



lunes 4 de julio de 2011

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Claro de Luna - Debussy

Mientras Killa dormía en sus brazos la Señora la acunaba y le tatareaba una dulce canción.

sábado 2 de julio de 2011

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La muchacha de los sueños

Os voy a contar una historia.

Una muchacha curiosa e impulsiva llego a un lugar paradisiaco, le encantaba nadar en sus cristalinas aguas, eran unas aguas extrañas, cálidas, sin olas y una magia que te atraía a estar siempre dentro de ellas, era como si sintieras que aquel mar te abrazaba, te daba calor y te calmaba.

Los habitantes del lugar habían construido en unos árboles que crecían dentro de el, unas casitas muy simples. Bueno, podíamos decir que eran unas estructuras pequeñas y diáfanas con un techito. La muchacha subía a ellas, pasaba de una a otra dando brincos o trepando por lianas y después de tiraba al mar y se sumergía en el.

Un día estando en la orilla hablando con un grupo vio una red que atada de un árbol a otro marcaba un límite. Ella pensó si podría ser capaz de bucear hasta allí sin respirar y así lo hizo. Buceo, buceo bajo las trasparentes aguas hasta llegar a su meta, como aun aguantaba bajo el agua decidió seguir hasta que tuviera que salir a respirar. Se sumergió un poco más y pasó bajo la red continuando su buceo. Pensaba cual sería el poder de esas aguas que le hacían aguantar tanto tiempo bajo ellas sin necesidad de respirar, ni ella misma se lo creía lo que estaba aguantando, tenía que estar ya asfixiada.

Absorta en sus pensamiento no se dio cuenta que se había topado con un escollo de rocas. Una línea de rocas negras que cruzaban todo el ancho del mar. Salió a la superficie y las miró con mucha curiosidad, eran rocas hermosas. Vio que unos metros más a lo lejos había otro brazo de rocas de las mismas condiciones. Ambos brazos estaban separados por una especie de río, pero sus olas rompían en las rocas y había grandes animales nadando en el.

La muchacha sin pensarlo cogió dos rocas, las separó del resto y las olas se empezaron a colar por el hueco. A su lado apareció otra muchacha enfadada.

- Pero que es lo que has hecho???, no sabes que estás rocas no se pueden tocar??? has roto el equilibrio de nuestro mar.

La muchacha asustada puso de inmediato las rocas en su sitio, respiro aliviada al verlas allí, miro a la otra muchacha y le sonrió. Pero al volver a mirar a las rocas se sintió horrorizada, el brazo de rocas había cambiado y las dos rocas quedaban pequeñas en el. Empezaron a llegar más moradores del lugar, todos preocupados más que enfadados. Una anciana gritó que nadaran a la orilla y trajeran cualquier cosa que pudiera tapar el agujero. La muchacha nadó veloz como nunca lo había hecho, cogió varias piedras, troncos e incluso botellas, las metió en una bolsa y regreso nadando solo con un brazo hasta el lugar. Fueron ajustando lo que trajo pero cada vez había más hueco, todo el mundo traía cosas y las colocaban en el brazo de mar, pero sus rocas cada vez se hacían más pequeñas, llegando a ser como lápices, la muchacha pensó que si entre ellas metían mas rocas grandes no dejarían que las pequeñas rocas se resbalaran y deslizaran entre ellas dejando que las olas entraran. La cosa funcionaba pero notó que el agua se había enfriado.

Como una aparición vio a una dama flotando entre los dos brazos de rocas.

- La Diosa de las Mareas, grito la anciana

Todos la miraron atraídos por su luz y con voz calmada dijo.

-Solo podréis detener esto colocando una roca de marfil.

Una gran ola se coló y se deslizaba hacia la orilla.

- Pero tiene que ser antes de que la ola llegue a la orilla.

La muchacha nado velozmente a la orilla en busca de marfil, todos lo buscaban y la ola tranquilamente se acercaba hacia ellos. Miraba desesperada hacia todos los lados y no lo encontraba, nado hacia los arboles donde a sus pies había un grupo de chicas, unas de ellas llevaba un colgante con una roca de nácar y pidiéndole permiso se lo arrancó y nado hacia la diosa que avisaba a los moradores que la ola había llegado a la orilla.

La muchacha desesperada le dijo que había traído nácar, que podía probar a ponerlo y con los ojos llenos de lágrimas la coloco entre las rocas.

- Demasiado tarde pequeña, además es nácar no marfil, no sirve.

- Por favor, Diosa, acéptalo, ha sido mi culpa, no castigues al resto por mi falta.

La Diosa desapareció y todo se quedo en calma. De repente el brazo de rocas empezó a fragmentarse , las olas se colaban por el empujando a las rocas y esparciéndolas por todo el mar. El brazo de mar había desaparecido. El mar cálido y tranquilo ahora era frío y con oleaje. Pronto empezaron a llevar procedentes de la lejanía muchos objetos, mesas, camas, casas, joyas, juguetes e incluso dinero. La gente del lugar empezó a recogerlos y a separarlos. Colocando todas las mesas juntas, los juguetes, ….

La anciana dijo:

Todos estos objetos proceden de otros pueblos al otro lado de nuestro mar, ahora estamos todos unidos y tenemos que devolvérselos.

La muchacha sorprendida pregunto cómo iban a hacerlo.

- Muy fácil, serás la encargada de conocer de quien es cada objeto y devolvérselo.

- Pero hay millones de objetos y cada vez llegan más.

- Bueno, entonces haremos una selección. Averiguaras quien son merecedores de que les devolvamos sus cosas, solo se las devolveremos a las personas buenas, a los avariciosos y malas personas no se las devolveremos y sus cosas se las daremos a los que las necesiten de verdad.

La muchacha acepto su misión y se dedicó por el resto de sus días a conocer la procedencia de cada objeto que llegaba a su orilla y si merecía que se lo devolvieran, pasando la información al resto de moradores para que ellos los devolvieran poco a poco.

Como veis ni los Reyes Magos ni Santa Claus existen, son los habitantes de ese lugar los que nos premian con nuestras cosas viejas transformadas con la magia del lugar o nos envían cosas nuevas que algún ser ruin no las necesita.